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Descontaminación de suelos: fases técnicas antes de construir o demoler

Descontaminación de suelos: fases técnicas antes de construir o demoler

La descontaminación de suelos es el conjunto de actuaciones destinadas a identificar, evaluar, controlar y reducir la presencia de contaminantes en un terreno hasta niveles compatibles con su uso actual o futuro. Es una disciplina técnica especialmente relevante en antiguos emplazamientos industriales, estaciones de servicio, talleres, fábricas, almacenes, instalaciones logísticas o parcelas donde se hayan desarrollado actividades potencialmente contaminantes.

En el contexto de la demolición, la descontaminación del suelo puede ser una fase previa, paralela o posterior al derribo de edificaciones existentes. No basta con retirar estructuras visibles. En determinados solares, el principal condicionante puede encontrarse bajo la superficie: hidrocarburos, metales pesados, disolventes, aceites, residuos enterrados, rellenos incontrolados o materiales procedentes de antiguas actividades productivas.

La correcta gestión de estos suelos es esencial para proteger la salud humana, las aguas subterráneas, los ecosistemas y la viabilidad urbanística del futuro proyecto.

Cuándo puede ser necesaria la descontaminación del suelo

Excavación de terrenos para construcción con maquinaria específica

La descontaminación puede ser necesaria cuando existen indicios de contaminación, cuando lo exige la normativa, cuando se produce un cambio de uso del suelo o cuando una investigación ambiental detecta concentraciones de contaminantes superiores a los niveles admisibles.

Un caso habitual se produce en antiguos suelos industriales que pasan a tener uso residencial, terciario o dotacional. El cambio de uso puede requerir una evaluación ambiental más exigente, ya que los niveles aceptables dependen del uso previsto.

También puede ser necesaria tras demoler instalaciones donde existían depósitos de combustible, maquinaria, productos químicos, transformadores, zonas de carga y descarga, talleres o procesos industriales.

La legislación española establece un marco para la declaración de suelos contaminados y la recuperación voluntaria de suelos. La referencia básica es el Real Decreto 9/2005, disponible en el BOE.

Relación entre demolición y descontaminación

La demolición y la descontaminación de suelos suelen estar estrechamente relacionadas. Antes de investigar el terreno, puede ser necesario retirar edificaciones, soleras, cimentaciones o instalaciones que impiden el acceso a determinadas zonas. En otros casos, la investigación ambiental debe realizarse antes de demoler para planificar mejor los trabajos.

La coordinación entre ambas disciplinas es fundamental. Una demolición mal planificada puede dispersar contaminantes, mezclar residuos o dificultar la trazabilidad. En cambio, una demolición integrada con criterios ambientales permite separar materiales, retirar focos contaminantes y preparar el terreno para su tratamiento.

En Deltapunt, la experiencia en derribos, demoliciones y desmantelamiento industrial permite abordar este tipo de intervenciones con una visión global de obra. Más información en Deltapunt.

Fase 1: estudio histórico del emplazamiento

La primera fase de una descontaminación de suelos suele ser el estudio histórico. Se recopila información sobre los usos anteriores del terreno, actividades desarrolladas, planos, licencias, fotografías, procesos industriales, depósitos, redes enterradas, incidentes conocidos y posibles zonas de riesgo.

Este análisis permite construir un modelo conceptual preliminar. Es decir, una hipótesis técnica sobre qué contaminantes podrían existir, dónde podrían localizarse y cómo podrían desplazarse.

Descontaminación de suelos y excavación

Por ejemplo, en una antigua fábrica puede haber riesgo en zonas de almacenamiento de productos químicos, áreas de mantenimiento, depósitos soterrados, patios de carga o puntos de vertido. En una estación de servicio, los focos probables estarán relacionados con tanques, tuberías, surtidores y zonas de repostaje.

Cuanto mejor sea el estudio histórico, más precisa será la investigación posterior.

Fase 2: investigación del suelo

La investigación del suelo permite confirmar o descartar la presencia de contaminación. Para ello se realizan sondeos, catas, toma de muestras, análisis de laboratorio y, si procede, control de aguas subterráneas o gases del suelo.

La campaña de investigación debe diseñarse según el modelo conceptual. No se trata de tomar muestras al azar, sino de investigar las zonas donde existe mayor probabilidad de contaminación.

Los parámetros analizados dependen del uso histórico del emplazamiento: hidrocarburos totales del petróleo, compuestos orgánicos volátiles, metales pesados, hidrocarburos aromáticos policíclicos, disolventes clorados u otros contaminantes específicos.

Los resultados se comparan con niveles de referencia aplicables al uso previsto del suelo. Si se detectan superaciones, se evalúa el riesgo y se define la necesidad de actuación.

Fase 3: evaluación de riesgos

No toda presencia de contaminantes implica automáticamente la misma actuación. La evaluación de riesgos permite determinar si las concentraciones detectadas pueden afectar a la salud humana o al medio ambiente en función del uso del suelo, las vías de exposición y las características del emplazamiento.

Las vías de exposición pueden incluir contacto directo, inhalación de vapores, ingestión accidental de suelo, migración a aguas subterráneas o afección a ecosistemas próximos.

Esta fase es especialmente importante en proyectos urbanísticos, ya que condiciona el diseño de la descontaminación y las medidas de control necesarias.

Fase 4: definición del plan de descontaminación

Una vez caracterizada la contaminación, se define el plan de actuación. Existen diferentes técnicas de descontaminación, y la elección depende del tipo de contaminante, la profundidad, la extensión, el plazo disponible, el uso futuro del suelo y el coste.

Una técnica habitual es la excavación y gestión externa de tierras contaminadas. Consiste en retirar el material afectado, transportarlo a gestor autorizado y rellenar posteriormente con material adecuado. Es una solución eficaz cuando la contaminación está localizada y accesible.

También existen técnicas in situ, como extracción de vapores, biorremediación, oxidación química, bombeo y tratamiento de aguas, encapsulamiento o barreras de contención. Estas soluciones pueden ser adecuadas cuando la contaminación es más extensa o cuando no resulta viable excavar todo el volumen afectado.

En proyectos de demolición, la excavación de tierras contaminadas puede coordinarse con la retirada de cimentaciones, soleras o redes enterradas.

Fase 5: ejecución y control ambiental

La ejecución de una descontaminación requiere control técnico constante. Es necesario delimitar zonas, evitar la dispersión de contaminantes, proteger a los trabajadores, gestionar aguas o lixiviados, controlar polvo y documentar el destino de los materiales retirados.

Excavación y descontaminación de suelos

Los camiones deben transportar las tierras a instalaciones autorizadas, acompañadas de la documentación correspondiente. La trazabilidad es fundamental para acreditar que el residuo ha sido gestionado correctamente.

Durante la excavación pueden aparecer focos no detectados en la investigación inicial. Por ello, la obra debe contar con capacidad de adaptación. La presencia de manchas, olores, materiales extraños o residuos enterrados puede obligar a ampliar el alcance de la actuación.

Fase 6: verificación final

Una vez ejecutada la descontaminación, se realizan controles de verificación. Estos pueden incluir muestras de fondo y paredes de excavación, análisis de laboratorio o controles de aguas subterráneas.

El objetivo es demostrar que el terreno cumple los criterios establecidos para el uso previsto. Sin esta verificación, no puede considerarse finalizado el proceso.

La documentación final debe recoger las actuaciones realizadas, volúmenes retirados, resultados analíticos, gestores autorizados, certificados y conclusiones técnicas.

Descontaminación en antiguos entornos industriales

Los antiguos entornos industriales son especialmente sensibles. Pueden contener soleras con impregnación de aceites, depósitos enterrados, redes de saneamiento antiguas, fosos, cimentaciones contaminadas, rellenos heterogéneos o residuos abandonados.

En estos casos, la demolición visible del edificio es solo una parte del proyecto. La verdadera complejidad puede estar en el subsuelo. Por eso, el desmantelamiento industrial debe contemplar la dimensión ambiental desde el inicio.

Una intervención profesional permite separar los trabajos estructurales de los ambientales, coordinar fases y reducir riesgos. La improvisación, en cambio, puede generar retrasos, sobrecostes y problemas regulatorios.

Importancia para promotores y administraciones

Para promotores, administraciones y propietarios, la descontaminación de suelos no debe entenderse como un obstáculo, sino como una garantía. Permite recuperar terrenos, reducir incertidumbres, cumplir la normativa y preparar parcelas para nuevos usos con seguridad jurídica y ambiental.

En operaciones urbanas, la gestión adecuada del suelo puede ser determinante para obtener licencias, cerrar operaciones inmobiliarias o iniciar obras posteriores. Un suelo correctamente investigado y, si procede, descontaminado, aporta valor al proyecto.

Conclusión: intervenir el suelo con criterio técnico

La descontaminación de suelos exige investigación, planificación y control. No es una actuación genérica, sino un proceso adaptado a cada emplazamiento, contaminante y uso futuro.

En proyectos de demolición y desmantelamiento industrial, integrar la variable ambiental desde el inicio permite trabajar con mayor seguridad, reducir imprevistos y garantizar la trazabilidad de los materiales.

Deltapunt, como empresa especializada en derribos, demoliciones y trabajos en entornos industriales, aporta una visión técnica especialmente valiosa en este tipo de proyectos: entender lo que hay sobre el terreno, pero también lo que puede haber debajo.

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